sábado, 9 de marzo de 2013

Del Pastor / Empatía


En lugar del otro

Cada cual está en lo suyo...Al ver el FB puedo ver tantas situaciones y emociones diferentes! Gozo, tristeza, dolor, despecho, amor, trivialidades, etc. Cada uno está en lo suyo...cada uno está viviendo su momento. Así es el mundo. Así somos los seres humanos.

No todos estamos en el mismo momento, en la misma situación...Pero qué buena es la empatía! Sentir y valorar lo del otro...ponernos en el lugar de los demás e identificarnos con su situación y emociones...

Así es Dios!! Y así nos llama a ser a nosotros!! Gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran...Este es uno de los valores de los seres humanos y en especial de los cristianos.

Que Dios nos bendiga y nos guarde en este día!! PAZ!

jueves, 7 de marzo de 2013

Del Pastor / RIP


"Descansa en Paz" / RIP
Me imagino que por una mezcla de ingenuidad, ignorancia y tradición religiosa un cristiano nacido de nuevo dice estas palabras. Pues como sabemos, la Biblia es clara de hacia dónde vamos y qué estamos haciendo cuando morimos en Cristo. "Es ganancia", "Presentes al Señor", "Muchísimo mejor", "Hoy estarás conmigo en el Paraíso"...
Cuando una persona no muere en Cristo, no sabemos de su destino eterno, ni podemos hacer alguna afirmación contundente, en el sentido de que se salvó o no se salvó, pues Dios es misericordioso y puede salvar un alma en los últimos segundos de su vida.
De modo que cuando un cristiano dice "Descansa en Paz", ¿está orando por esa alma para que encuentre el descanso eterno? ¿Está expresando un deseo?

lunes, 4 de marzo de 2013

Desde la fe / No se quedó en la multitud


Jesús o la multitud

Yolanda Tamayo
Cuando en mí se debaten ciertos asuntos ante los cuales me cuesta saber qué decisión tomar, siempre pienso: ¿Qué haría Jesús si estuviese en mi lugar?
Reflexionar sobre ello hace que mis dudas se esclarezcan, vislumbrando con una precisión santa lo que debo hacer y cómo llevarlo a cabo.
Decidir ver lo que nos acontece desde los ojos de Dios hace que aquello que nos rodea se simplifique, y aunque a priori parece que en realidad es un complicado procedimiento, compruebas lo acertado que es dejarse llevar por las indicaciones divinas.
Hacer la voluntad de Dios debiera ser nuestra prioridad. Una máxima diaria en la vida cristiana. Pero… siempre ha resultado mucho más sencillo seguir a la multitud que posicionarse en un lugar apartado, lejos de la muchedumbre.
La multitud te lleva, te rodea, te hace sentir protegido.
Nadar contra corriente te envuelve de soledad, te rodea de obstáculos y acabas neciamente barajando la posibilidad de un eterno abandono.
Jesús no se quedó en medio de ninguna multitud. Después de saciar estómagos, de sanar heridas, de devolver vista a los ciegos y resucitar a muertos, Él volvía a quedarse siempre a solas con el Padre. Abandonaba la multitud y buscaba un apartado lugar donde tener intimidad con Dios.
Las aglomeraciones llegan a asfixiar. El gentío empequeñece y coarta.
Quienes deseamos ser liberados de las ataduras terrenales sabemos positivamente que pasar tiempo con Jesús redunda en una vida abundante. Él ofrece claridad absoluta a nuestras dudas, un albor que nos hace resplandecer en medio de la oscuridad.
Encontrarse a solas con Dios es la mejor manera de descubrirnos, de conocernos, de vernos en nuestra total complejidad y contemplar lo insignificantes y frágiles que en realidad somos.
Jesús buscaba momentos de soledad en los que disfrutar de la presencia del Padre. Nosotros necesitamos hacer lo mismo. Yo necesito esa cercanía. Encontrar la razón por la que ha de vivir el alma mía y ver a través de Dios aquello que no puedo percibir con mis humanos y torpes ojos.
Siempre existirán quienes nos indiquen otras sendas, personas que fingiendo hacer un favor nos muestren un sendero menos abrupto. Cuando fundamentas tu vida en Dios, sabes que el sendero no es fácil, que todo lo que te espera está salpicado de un desconcertante aislamiento, pero mientras lo transitas descubres que en verdad no estás solo, que Él está cerca de ti y que te ha prometido que nunca te dejará ni te abandonará.
A veces se buscan multitudes para no sentirse excluidos, para no encontrarse a uno mismo. En realidad la multitud crea muchos solitarios, gente que rodeada de gente no encuentra un roce tierno, una mano amiga, una sonrisa de complicidad.
Con Dios todo es distinto. Nadie queda vacío cuando encuentra a Dios. Los corazones se llenan, los ojos se abren, las manos se tornan dadivosas, los pensamientos se transforman, las vidas son llenas de una forma que aún después de tantos años me sigue pareciendo sorprendente.

Tomado de Protestante Digital 2013

lunes, 25 de febrero de 2013

Desde la fe / No hay dolor como este dolor

Cristian sembró

Rubén Darío -ese que nos identificó con el mar azul- plasmó esos versos que aprendí en mi adolescencia: "Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver / cuando quiero llorar no lloro / y a veces lloro sin querer". Son los primeros versos que me vienen a la memoria ante la muerte de Cristian Max, un joven de 20 años, sobrino de mi esposa Ysabel, que falleció en un accidente esta madrugada (otros dos sobrinos sobrevivieron y por ello damos gracias a Dios).
A Cristian lo conocí un niño, cuando tenía siete u ocho años. Y lo traté un adolescente de esos que maduran antes de tiempo, que asumen el trabajo, que confrontan dificultades y que -a diferencia de algunos que no salieron del pozo- logró superarlas, continuar sus estudios, avanzar... sin dejar jamás de lado la alegría de vivir.
Fue varias veces a nuestra Iglesia. Y cuando lo recuerdo sólo puedo recordarle como en la foto que acompaña estas letras: alegre, pero también respetuoso, tierno, atento, detallista. Cristian sembró y podemos dar gracias a Dios por el regalo de haberle tenido estos años. Cada uno puede recordar cosas que sembró. Mi hijo Luis Reynaldo lo llora con toda el alma, los momentos con Cristian no volverán, pero Luis y yo sabemos que tenemos otra patria y por la misericordia de Dios podremos volvernos a ver.
Hoy también pienso en su familia, especialmente en su madre. "Una espada te atravesará el alma". Y sólo puedo decir que aunque escribo estas líneas, ante su dolor no hay palabras. No hay dolor como este dolor de ver partir un hijo.
El Señor es el único que puede poner un bálsamo sobre esa herida honda, sobre ese dolor y el desconsuelo. Hay una esperanza y a ella nos aferramos en este tránsito por la tierra.
La familia Acosta y los que hemos sido acogidos en ella estamos llamados a redoblar nuestra confianza en ti, Señor.
En ti ponemos nuestra esperanza!


Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene de Jehová,
que hizo los cielos y la tierra

No dará tu pie al resbaladero,
ni se dormirá el que te guarda.
He aquí, no se adormecerá
ni dormirá el que guarda a Israel

Jehová es tu Guardador;
Jehová es tu sombra a tu mano
derecha. El sol no te fatigará
de día, ni la luna de noche.

Jehová te guardará de todo mal;
El guardará tu alma. Jehová
guardará tu salida y tu entrada
desde ahora y para siempre.
Amen
Salmo 121


domingo, 24 de febrero de 2013

Desde la fe / El Rey primero que sus negocios


LO PRIMERO, PRIMERO 
Designó entonces a doce, para que estuvieran con él, para enviarlos a predicar, y que estuvieran autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios (Marcos 3. 14-15).
 Este versículo nos da, en forma resumida, una clara idea de cuál era el plan que Cristo tenía en mente cuando escogió a sus doces discípulos. El camino a seguir incluía tres claros objetivos: 1) estar con él, 2) enviarlos a predicar, y 3) darles autoridad sobre los enfermos y los endemoniados.
Hay otros pasajes donde podría ser modificado el orden sin que se altere el producto final. Pero esta es una clara instancia de una secuencia en la que cada paso depende de la anterior. El orden establecido para esta estrategia no puede ser modificado. Podríamos sanar enfermos y expulsar demonios, pero tendría escaso valor si no fuera acompañada de la Palabra, que tiene un peso eterno. Asimismo, podríamos también agregarle la predicación de la Palabra a nuestro ministerio de sanidad, pero si no está sustentado por una relación de intimidad con el Hijo, no podríamos realmente señalar el camino hacia el conocimiento del Mesías.
Es aquí donde, como pastores, necesitamos ejercer gran cautela. La vorágine del ministerio con frecuencia lleva a que estos factores se inviertan, de manera que nos encontremos atrapados en gran  cantidad de actividades que tienen la apariencia de devoción, pero que nos han robado lo más precioso, que es nuestra relación con el Señor.
Cuando me encuentro con pastores, siempre busco la oportunidad de preguntarles cómo andan en su vida espiritual. Es fácil tomar por sentado que si estamos en el ministerio entonces, lógicamente estaremos disfrutando de intimidad con el gran Pastor. La realidad, lamentablemente, es otra. Muchas veces encuentro que los pastores han perdido su pasión por Aquel a quien están sirviendo con tanta devoción.
El evangelio de Mateo nos presenta una escena escalofriante. Algunos que pretenden justificar su falta de relación, señalando las muchas obras que han realizado, dirán en el día del juicio: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?¨ El Hijo del Hombre les responde con esta lapidaria frase: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de mí, hacedores de maldad!” (Mt 7.22-23). Note usted que Jesús les llama “hacedores de maldad”. ¡Es muy fuerte! No deja lugar a dudas que toda obra divorciada de una relación con el Señor, aún cuando sea obra para él, es obra mala.
¿Ha perdido usted la disciplina de pasar tiempo con él, buscando su rostro y su compañía? ¿Lo han vencido las constantes demandas para hacer cosas en la iglesia? ¿Se le ha enfriado un poco la relación con el Señor? ¿Por qué no aprovecha este día para volver a poner las cosas en su lugar? ¡Acérquese con confianza y renueva esa relación que tanto bien le hace! El Señor lo ha estado esperando.
Para Pensar:
Alguien ha observado alguna vez que estar ocupado en los negocios del  Rey, no es excusa para olvidarse del Rey. Si usted está tan ocupado que no le queda tiempo para estar con su Pastor, está más ocupado de lo que él quiere.
Tomado del devocional “Alza tus ojos” / Christopher Shaw 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Iglesia / ¿Un "deber"?


Esta es una historia que pone en evidencia un problema que a veces sufren muchos cristianos: su acercamiento a Dios y a la Iglesia como "un deber" el cual hay que "cumplir" y luego a las tareas de todos los días. Edgar, un niño, expone su punto de vista y "entiende" a los adultos.

 Xtremo Joven:

La iglesia como un deber…

Edgar

“Hola. Me llamo Edgar y tengo siete años. Me gusta jugar al fútbol con mis amigos, pero mis padres no me dejan salir hasta que acabe los deberes. Mis deberes son hacer sumas y restas, escribir para mejorar mi caligrafía, y aprender palabras en inglés. A veces también tengo que hacer redacciones sobre mi familia y la comida que me gusta, por ejemplo. Cuando acabo todas esas cosas, puedo hacer lo que me apetezca y ni siquiera tengo que seguir acordándome de lo que he hecho.

 Los mayores también tienen que hacer sus propios deberes: todos los domingos tienen que vestirse guapos y peinarse; y mamá tiene que maquillarse y echarse colonia. Después tienen que ir a la iglesia. Yo creo que sus deberes son muy importantes, porque, cuando vamos en el coche, siempre están gritando y quejándose por llegar tarde. Creo que es porque quieren sacar muy buenas notas. Cuando entramos en la iglesia, dejan de gritar, porque estar callados y portarse bien es parte de los deberes que tienen que hacer. La verdad es que no entiendo por qué tengo que acompañarlos yo a que hagan sus deberes; ellos no vienen conmigo al colegio…

 Después viene un señor y se pone delante de todos. Me parece que es el profe de los mayores. El profe de los mayores habla durante una hora sobre cosas que yo nunca entiendo. Dice cosas sobre Dios. Mis papás me dejan dibujar en la silla si no hago ruido. Ellos tienen que estar muy atentos y tener la Biblia abierta encima de las piernas, si no, suspenden. Hay un señor que siempre se queda dormido, y mi papá dice que es porque tiene que trabajar por la noche. Pobre señor… tiene que hacer muchos deberes y sus profes no le dejan dormir.

 Cuando el profe de los mayores termina de hablar sobre Dios, ora mucho rato diciendo palabras muy raras; pero yo no les puedo preguntar a mis padres qué está diciendo, porque ellos tienen que cerrar los ojos y yo también. No entiendo por qué tengo que hacer esos deberes para mayores, pero si no mi mamá me regaña. 

 Al final, se acaba todo y pueden hacer lo que les dé la gana, porque ya han acabado sus deberes. Y ni siquiera tienen que seguir acordándose de lo que han hecho ni de todo lo que el profe de los mayores les ha dicho. De hecho, cuando su profe termina de dar la clase, no vuelven a hablar de Dios hasta que tienen que hacer los deberes otra vez. A mí me parece normal, porque cuando yo estoy jugando al fútbol con mis amigos no estoy pensando en los deberes de mates. Pero mientras están haciendo los deberes parecen estar tan convencidos de lo que hacen que a veces casi me creo que lo hacen porque les gusta, no porque sean sus deberes”.

Cuando Edgar me contó todo esto, me hizo pensar en muchas cosas. ¿Qué transmitimos a los niños con nuestra vida espiritual? ¿Cuánto afecta nuestra relación con Dios a nuestros hijos, sobrinos y hermanitos? ¿Estamos dejando a los niños venir al Señor y no se lo estamos impidiendo (Lucas 18:16)?

Pero creo que la pregunta más sincera es: ¿Estamos viviendo para Dios, o estamos haciendo “los deberes de los mayores”?

sábado, 16 de febrero de 2013

Desde la fe / Te hace descansar


Me hará descansar

“En lugares de delicados pastos me hará descansar” (Salm 23:2).

Hay momentos en que el creyente necesita quedarse inmóvil como la tierra bajo la lluvia de primavera, dejando que la lección de la experiencia y los recuerdos de la Palabra de Dios penetren hasta las mismas raíces de su vida y llenen los profundos depósitos de su alma.
No siempre tiene que considerar perdidos los días en que sus manos no están ocupadas, como tampoco se consideran perdidos esos días lluviosos del verano, sólo porque mantienen al granjero dentro de su casa. El Gran Pastor hace descansar allí a su siervo.
Hay momentos en que los hombres dicen que están demasiado ocupados para detenerse, cuando piensan que le están rindiendo un servicio a Dios si continúan. De vez en cuando Dios hace al tal descansar. Ha atravesado los pastos tan rápidamente que no ha conocido su verdor, ni ha captado su dulce sabor; y Dios no quiere que él se pierda todo eso, así que lo hace descansar.
Muchos hombres han tenido que agradecer a Dios esas obligadas etapas de descanso en las cuales aprendieron por primera vez la dulzura de la meditación en la Palabra y del quedarse inmóviles en las manos de Dios, esperando su voluntad.

(Enviado por Ana Ysabel Acosta de un devocional de su uso).