domingo, 13 de abril de 2014

Testimonio / Su vida por la de su hija


Una historia de amor 

Una mujer embarazada da su vida para salvar la de su hija

Una mujer embarazada da su vida para salvar la de su hija
Liz, Max & Lilybear / youtube
Elizabeth Joice ha dado un ejemplo de generosidad al alcance de muy pocos. Decidió dar su vida y no recibir la quimioterapia que necesitaba a cambio de salvar al bebé que iba a nacer.
Joice había luchado contra una forma muy agresiva de cáncer y la superó. Elizabeth y Max, se enteraron de la enfermedad de ella en Nueva York, donde vivían, cuando llevaban dos años saliendo. En un primer momento la reacción de ella fue abandonar y dejarse morir, pero cuando su pareja le pidió que se casara con él decidió que tenía que luchar para curarse. Un mes después se casaron y Elizabeth fue operada y tratada con quimioterapia de su cáncer, declarándole que estaba limpia de su enfermedad al acabar el tratamiento.

Tres años después decidieron tener un niño. Los médicos no le quitaron la idea de la cabeza pero le advirtieron de que las posibilidades eran muy remotas.

A pesar de ello, siguieron adelante y se obró el milagro. El pasado verano la pareja recibió la feliz noticia de que iban a ser padres.

Sin embargo, pocos meses después llegó la mala noticia: el cáncer había vueltoLos médicos le daban la opción de interrumpir el embarazo y someterse a tratamiento o continuar y dejar que la enfermedad avanzase. La decisión no era fácil, pero Joice tenía claro que quería tener ese hijo.

En enero, la situación se complicó mucho. El cáncer avanzaba rápidamente y los oncólogos recomendaban comenzar con la quimioterapia antes de que fuera tarde. Joice prefirió seguir adelante con su embarazo y rechazó la propuesta de los médicos.

Finalmente, el 23 de enero dio luz a una niña, Liz Anne Joice (Lilybear), con unas semanas de adelanto pero con la suficiente fuerza para no tener que pasar por la incubadora.

Joice había cumplido su sueño de ser madre pero debía asumir que su final estaba cerca. A pesar de ello, luchó con todas sus fuerzas. Los médicos dijeron que no habían visto nunca a nadie pelear de esa manera. Su motivación era pasar un día más junto a su marido y su hija. Y así, todos los días durante seis semanas, hasta que el pasado 9 de marzo la enfermedad ganó la batalla.

sábado, 12 de abril de 2014

Biblia y matrimonio gay

Por qué me opongo al matrimonio gay

 Por Will Graham / Protestante Digital
Por qué me opongo al matrimonio gay
En España se registran más de 100.000 rupturas matrimoniales al año. / Getty
 Cristo enseñó que Dios quiere que el hombre y la mujer estén juntos hasta que la muerte los separe. 
12 DE ABRIL DE 2014
  Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que me opongo a cualquier otro tipo de relación sexual fuera de los confines del pacto del amor heterosexual. Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que el Antiguo y el Nuevo Testamento se oponen a él. De hecho, me opongo al matrimonio gay por la misma razón que Cristo se opuso a él. ¿Cuál es esta razón? Respuesta: la creación. ¡Es así de sencillo!

Cuando los teólogos contemporáneos de su generación preguntaron a Jesús acerca del divorcio, Jesús apeló al Edén para demostrar la voluntad de su Padre con respecto al matrimonio (Marcos 10:2-9). Cristo enseñó que Dios quiere que el hombre y la mujer estén juntos hasta que la muerte los separe. Esta ideal se dio a conocer en la misma creación- antes de que naciera la cultura humana- para que todos entendieran que el anti-homosexualismo no es fruto de una determinada nación o tribu. Adán y Eva juntos representan el plan universal de Dios para el resto de la historia humana. “Según las enseñanzas de Jesús,” escribe el renombrado Dr. Wolfhart Pannenberg, “la sexualidad humana entre hombre y mujer pertenece a la unión indisoluble del matrimonio. Este estándar es la base de todo lo que enseña el cristianismo sobre el comportamiento sexual”. Jesús se refería a la creación a posta. Créeme: sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Es a la luz de la creación que tenemos que entender todas las condenaciones a la ‘sodomía’ que se nombran en las Escrituras. La Biblia no es anti-gay por ser anti-gay. Es anti-gay porque es pro-creación. El hecho de que varias leyes anti-homosexuales fuesen incorporadas en la Torá judía nos revela que la  Revolución gay  no nació en nuestra generación. En los días de Levítico, la homosexualidad era tan desenfrenada entre los apostatas e idolatras de las naciones vecinas a Israel que el pueblo de Dios tuvo que separarse de ellos y consagrarse al Señor. En los días de Moisés, por ejemplo, cualquier manifestación de homosexualidad merecía la pena de muerte inmediata (Levítico 20). ¡Dios no la toleraba para nada!

La misma condenación se transmite en el Nuevo Testamento.En vez de seguir la corriente tan lujuriosa y carnal de la cultura greco-romana que prevalecía en el primer siglo, Pablo advirtió a todos los creyentes de la homosexualidad en términos bien, pero bien, severos. La homosexualidad, explica Pablo, es una exhibición pública de idolatría y apostasía (Romanos 1) y excluye a los hombres (y mujeres) del Reino de Dios (1 Corintios 6). El apóstol habló directamente sin dar rodeos. Es imposible malinterpretarlo (aunque algunos pensadores están intentando hacerlo). ¿Qué más podría haber dicho Pablo para posicionarse con más contundencia?

El veredicto categórico de la Escritura es rotundo: la homosexualidad tiene que ser devuelta al abismo de donde ha salido. No hay nada en la Biblia que promueva una vida gay. Se trata de un pecado sumamente detestable. “Es abominación” (Levítico 18:22). Ésta, por lo menos, es la opinión de Dios. Y no solamente esto, representa una rebelión abierta contra las enseñanzas de Jesucristo, el Señor de la Iglesia. ¿Qué quiere decir todo esto?

Primero, quiere decir que si alguien está luchando contra inclinaciones homosexuales, no significa que esté condenado al lago de fuego.Significa, sencillamente, que tiene que batallar contra esta tentación- como cualquier otra- en el poder del Espíritu y por medio de las disciplinas espirituales que Dios nos ha dejado (las Escrituras, la oración, la comunión con los santos). Debe recordar también que Cristo es poderoso para conquistar cualquier pecado vil que nos asedia. Su gracia vence nuestra iniquidad. Así que hay esperanza para todos. ¡Bendito sea Dios!

Segundo, quiere decir- y voy a emplear términos muy claros- que cualquier Iglesia que acepte el matrimonio gay ya no es una Iglesia. Se hace anti-Iglesia.Puede llamarse como quiera, pero ha dejado de ser un vocero del Omnipotente. No es fiel al Señor de la Escritura ni a la Escritura del Señor. Una Iglesia gobernada por la Biblia jamás podría desviarse en esta cuestión tan fundamental. De nuevo, cito al Dr. Pannenberg, “Si una Iglesia se dejara llevar hasta el punto de ver la homosexualidad como forma de desviación del patrón bíblico y de reconocer las uniones homosexuales como equivalentes a un verdadero matrimonio de amor, tal Iglesia ya no estaría posicionándose a favor de la Biblia, sino en contra de ella”.

Así que la creación, el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y la verdadera naturaleza de la Iglesia: éstas son las razones por la cuales me opongo al matrimonio gay. ¡Menuda combinación! ¿Verdad?

Tomado de: http://www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/6408/Por-ue-me-opongo-al-matrimonio-gay


sábado, 5 de abril de 2014

Testimonio / Noé, el de la Biblia



Noé, el de la Biblia, en diez preguntas

¿Cuál era su familia? ¿Qué sabemos sobre su carácter? ¿Y sobre la época que le tocó vivir? La Biblia no da muchos detalles, pero sí los suficientes para tener una idea clara sobre un personaje que ha vuelto a la actualidad gracias al cine.

1 ¿Cuál era su familia?

Su padre fue Lamec, y la Biblia no menciona el nombre de su madre. Fue el mayor de sus hermanos. Su abuelo, Matusalén, es conocido como el hombre más longevo de la humanidad: vivió 969 años, y murió el mismo año que sobrevino el diluvio. El relato de Génesis vincula claramente la línea genealógica de Noé con el primer hombre, Adán, y la descendencia que no procedía de Caín, que cometió el primer acto de violencia de la historia de la humanidad, matando a su hermano Abel.

2 ¿Qué significa su nombre?

Noé o 'Noah' significa “cómodo” o “fácil de llevar”, una palabra que según los especialistas da la idea de “descanso”. Su padre le puso el nombre con un sentido profético: “Éste -dijo Lamec- nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que el Señor maldijo”.

3 ¿Dónde vivía Noé?

La Biblia no lo especifica, aunque se supone su localización en el área de Mesopotamia. El arca, después del diluvio, acabó posándose sobre los montes de Ararat, en la Turquía actual. Allí es posible que desarrollara su vida posterior al diluvio.

4 ¿A qué se dedicaba?

No se especifica cuál fue su profesión. Algunos han señalado la posibilidad de que siguiera la línea nómada y pastoral de los patriarcas y que entronca con el hijo de Adán, Abel. Sin embargo, después del diluvio se le ve plantando viñedos y se le llama “labrador”. La construcción del arca, por otra parte, le ocupó mucho tiempo de trabajo: en concreto, 120 años. Durante ese tiempo predicó sobre el juicio que vendría sobre la tierra.

5 ¿Cómo fue su carácter?

Dice el relato de Génesis que era “justo e íntegro (o perfecto) en sus generaciones”. Justo se refiere a sus acciones. Íntegro, a su fe en Dios. Y se dice que “caminaba con Dios”, como uno de sus antecesores, Enoc, que no murió sino que Dios “se lo llevó”. “¿Qué significa caminar con Dios? -dice el pastor y profesor Shai Shemer- Que iba por sus caminos”, lo que en la enseñanza bíblica significa “amar a Dios y al prójimo”.

6 ¿Cuál fue su descendencia?

Tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. De ellos procederán todas las familias de la tierra. Shai Shemer apunta a la formación de la identidad del pueblo de Israel, que la Biblia identifica en la línea de Sem, y su oposición a Cam, identificado con los enemigos de Israel: Egipto y los cananeos que habitaban la tierra que luego conquistarían.

7 ¿Cómo era la sociedad en la que vivió?

Antes del diluvio, el panorama descrito en Génesis es de “maldad” y “violencia”. La palabra correcta, dice Shemer, es “rapiña” o “injusticia extrema”. Es “una prostitución total del comportamiento. Por eso cuando Dios le habla a Noé, no invoca a la corrupción y a la injusticia juntas, sino sólo a la injusticia. Cuando el expolio, el derramamiento de sangre, la falta de respeto por la vida ajena llega al punto de acabar con ella, se produce este juicio exterminador”. Hay diferencia, por tanto, del juicio hacia Babel que se describe poco después en el Génesis, donde se presenta una generación opuesta a Dios pero “que tenía armonía, no practicaba la agresión de todos contra todos”.

8 ¿Qué hizo después del diluvio?

Noé, tras sobrevivir junto a su familia, salió del arca con todos los animales. Practicó el culto a Dios y recibió su bendición. El relato de Noé en Génesis concluye con su borrachera tras beber el vino que había elaborado, revelando la semilla del fracaso en la misma identidad humana. Una situación que le llevó a estar desnudo en su tienda, lo que provocó reacciones distintas en sus hijos -dos de ellos con respeto y compasión hacia su padre, uno con burla-, por lo que pronunció palabras de bendición para Sem y Jafet, y de maldición para Canaán, el hijo de Cam.

9 ¿Dónde se cuenta su historia?

La historia de Noé se cuenta en el Génesis, el libro de los orígenes, que forma parte de la colección de cinco tomos que conocemos como Pentateuco y los judíos llaman 'Torá'. Un relato cuyo autor sería Moisés, según afirmaron los profetas, salmistas y posteriores autores de las crónicas de Israel, y así también lo recogió la iglesia en los escritos que formaron el Nuevo Testamento. Este detalle tiene una gran importancia a la hora de entender todo el relato de los orígenes, entre ellas la historia de Noé. “Dios se reveló a sí mismo, sus obras anteriores, la historia de las familias de Israel y su papel en su plan de redención para la humanidad”, explica el teólogo John MacArthur en su Introducción al Pentateuco.

10 ¿Qué enseñanzas teológicas se dan en la Biblia sobre la vida de Noé?

Ya hemos citado el relato de Ezequiel, uno de los últimos profetas del Antiguo Testamento, que de hecho escribe en Babilonia, junto al pueblo que había sido llevado cautivo, lejos de su tierra. La mención a Noé se encuentra en medio de una profecía de destrucción hacia la añorada Jerusalén, un juicio que muchos de los exiliados judíos no podían imaginar. La advertencia de Ezequiel concluye, sin embargo, con la esperanza de “un remanente” que quedará. “Seréis consolados del mal que hice venir sobre Jerusalén”, dice el Señor por boca de Ezequiel. Una situación semejante a la que vivió, por tanto, Noé y su familia.

Jesús también recuerda “los días de Noé” en medio de una advertencia profética de juicio. “Como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó a todos. Así será la venida del Hijo del hombre” (Mt. 24.37-39).

Los primeros cristianos también lo mencionaron. Lucas lo incluye en la genealogía de Cristo. El autor de Hebreos habla de su fe, destacando su obediencia ante el encargo de hacer el arca. “Por esa fe condenó al mundo y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”, dice el escritor.

El apóstol Pedro es el último en hacer mención de Noé. Primero, en un contexto que habla sobre la salvación que tenemos en Cristo, en uno de los pasajes de más complicada interpretación, según muchos exégetas, en el que se dice que Jesús predicó “a los espíritus encarcelados que en otro tiempo desobedecieron” en los días de Noé. En su segunda carta, Pedro afirma que Noé fue “guardado” del juicio del diluvio, y le llama “predicador de justicia”, poniéndolo como ejemplo a seguir para los primeros cristianos.




sábado, 29 de marzo de 2014

Un NO a una excusa lamentable



Es un llamado fuerte a aquellos que suelen responder con un “no sé, no puedo” cuando se les pide algún trabajo para la Congregación en que Dios les ha puesto.

No sé, no puedo
Juan Antonio Monroy

Siempre he tenido en cuenta en mi trabajo la respuesta que Jesús dio a los fariseos que criticaban a una viuda por su pobre ofrenda. “Esta hizo lo que pudo”, fueron sus palabras.

Una mayoría de miembros en nuestras iglesias, más de lo que sería deseable, suelen responder con la frase “No sé, no puedo”, cuando se les pide algún trabajo para la congregación.

El “no sé, no puedo” es una salida cómoda, pero perjudicial. La persona que así piensa inutiliza sus energías, desvalora sus capacidades y pierde oportunidades para servir al Señor.

En mi trabajo diario siempre he tenido en cuenta la respuesta que Jesús dio a aquellos fariseos que criticaban a una mujer viuda por su pobre ofrenda. “Esta hizo lo que pudo”, fueron las palabras del Maestro. El día que estés frente a frente ante Dios en el Tribunal de Cristo el Señor no te va a preguntar por aquello que no pudiste hacer. Te pedirá cuentas de lo que pudiste hacer y no lo hiciste.

El “no sé, no puedo” son excusas lamentables en labios de una persona que profesa la fe de Cristo, que tiene conciencia de salvación y del precio que Jesús pagó por ella. Imagina que en el huerto de Getsemaní, cuando Cristo vislumbró el drama de la cruz, los azotes, los insultos y la muerte que le esperaba hubiera dicho “yo no puedo” ¿Qué sería de ti ahora? ¿Quién habría podido salvar tu alma? ¿Cuál sería tu perspectiva de eternidad?

¿Sabes por qué dimitimos de nuestras obligaciones como cristianos? Primero, porque no tomamos en serio lo que creemos. Ser cristiano no se limita a la asistencia al culto dominical. Es mucho más que eso. Es entregarnos con mente, corazón y vida a las tareas de la Iglesia donde Jesús nos ha puesto, porque al servir a Su Iglesia le estamos sirviendo a Él.

Una segunda razón para el “no sé, no puedo” es nuestra vagancia espiritual. He escrito bien. Somos vagos cuando se trata de trabajar para la Iglesia. Nos escudamos en nuestra ignorancia de los quehaceres que se nos piden: “No sé hacer eso. Y puesto que no sé, no puedo hacerlo”.

El “no sé” denota falsa humildad. ¡Claro que sabemos! ¡Pero no queremos! La falsa humildad conduce a la negligencia, a la pereza orgánica e intelectual, al desaprovechamiento de nuestras energías y de nuestras capacidades.

La próxima vez que se te pida hacer algo para el Señor, quien tanto hizo por ti, antes de decir “no sé, no puedo”, lee Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Tomado de Protestante Digital 2014

lunes, 24 de marzo de 2014

Crecer / Instrucciones desde Tesalónica


1 y 2 Tesalonicenses:
Instrucciones para nuevos creyentes

He aquí algunas instrucciones claves para nuevos creyentes –y para no tan nuevos- que Pablo nos ofrece en 1 y 2 Tesalonicenses. Que también nos sirvan para instruirnos e instruir a otros.

Tesalónica era una “ciudad de pecado” que servía a ídolos (1 Tes 1:9). El pecado de fornicación era un gran problema (1 Tes 4:3). Pero Dios se complace en alcanzar y salvar a los que están perdidos en el pecado y en 2 Tes 2:13-14 el Apóstol Pablo da gracias a Dios por la gran obra de salvación que ÉL efectuó en los corazones de los cristianos tesalonicenses.

Al pensar en estas dos cartas, recordemos que fueron escritas a nuevos cristianos. ¿Cuáles son algunas de las cosas que necesitan entender nuevos creyentes? ¿Cuáles son algunas de las cosas que todo cristiano debería entender? Consideremos 12 cosas que deben ser enseñadas a todo nuevo cristiano:

1.                  El nuevo creyente debe darse cuenta que la vida cristiana no es un camino de rosas. Cuando una persona se hace cristiana, eso no significa que ya no tendrá dificultades y problemas. ¿Tuvieron muchas aflicciones estos cristianos? En 1 Tes 1:6 dice que recibieron la Palabra en medio de gran tribulación. Contratiempos, presiones, tribulaciones, pruebas… Lee 1 Tes 3:3-4; 2 Tes 1:4, 6; 1 Tes 2:14; 2. Pablo les predijo una vida difícil: 1 Tes 3:4.
Jesús dijo a sus discípulos que tendrían “aflicción” mientras estuviesen en el mundo (Jn 16:33). Nos dice en este mismo texto que en Cristo hay paz. Es decir, En medio de la aflicción podemos tener PAZ, sabiendo que Cristo ya ha ganado la victoria.

2.                  El nuevo creyente debe aprender a regocijarse siempre. Los tesalonicenses no sólo tenían aflicciones (persecuciones y tribulaciones), sino que también tenían gozo del Espíritu Santo (1 Tes 1:6). Pablo les anima a estar siempre gozosos (1 Tes 5:16). Es el mismo mensaje que Pablo envió a los Filipenses: “Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez les digo: regocíjense” (Filip 4:4).

3.                  El nuevo creyente debe tener una actitud correcta hacia la Palabra de Dios. Cuando una persona es salva, recibe la Palabra de Dios en su corazón y la Palabra de Dios encuentra un hogar en su corazón. Pablo nos dice que los tesalonicenses la recibieron como Palabra de Dios y no como palabra de hombres y la creyeron de todo corazón. Una pregunta que debes hacerte: ¿Has aceptado tú la Biblia como el mensaje de Dios para ti?

4.                  El nuevo creyente debe estar consciente de Dios momento tras momento. En 1 Tesalonicenses 5:17 Pablo dio a los tesalonicenses este mandamiento importante: Orad sin cesar. Cuando una persona realmente ora de la manera correcta, está muy consciente de la presencia de Dios. A través del día, debemos recordar que Dios está allí con nosotros y que puede ayudarnos. Podemos dirigirnos a ÉL en todo tiempo y en todo lugar. Orar sin cesar no significa que debemos estar de rodillas las 24 horas del día, sino significa que cuando caminamos a través del día, estamos conscientes de que el Dios vivo va con nosotros. Estamos conscientes de Su persona y de Su presencia. Estamos aprendiendo a deleitarnos en ÉL.

5.                  El nuevo creyente debe ser agradecido en todo. Nosotros casi esperaríamos que los tesalonicenses estuvieran llenos de quejas por causa de todas las aflicciones y persecuciones por las que estaban pasando. Pero Pablo les dice que estén llenos de gratitud : “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes 5:18). Todo nuevo cristiano puede decir, “Gracias”. Aun cuando los tiempos sean difíciles, podemos decir, “Gracias”. Aun cuando haya muchas cosas que no entendemos, podemos decir, “Gracias”. Dios está en control y Dios sabe lo que ÉL está haciendo y Dios hace bien todas las cosas. Cada día debe ser un Día de Acción de Gracias.

6.                  El nuevo creyente debe permitir que el Espíritu Santo obre en su vida. ¿Qué don precioso dio Dios a cada creyente en el momento en que fue salvo? El don del Espíritu Santo (1 Tes 4:8), que quiere trabajar en nuestras vidas, pero a veces nosotros no le permitimos realizar Su poderosa obra en nosotros. Pablo dijo a los tesalonicenses: “No apaguéis al Espíritu”. Tal como el fuego es apagado con el agua, así el Espíritu es apagado cuando el creyente dice “NO” a Dios. Siempre debemos decir “SI” al Señor: “SÍ SEÑOR, haré todo lo que TÚ quieres que haga. SÍ SEÑOR, iré donde quiera que TÚ quieres que yo vaya. SÍ SEÑOR, diré todo lo que TÚ quieres que yo diga”. También podemos apagar el Espíritu cuando decimos “SÍ” después que Dios ha dicho “NO”.

7.                  El nuevo creyente debe vivir una vida santa que agrade al Señor. Dios nos ha dado el Espíritu Santo para que podamos vivir una vida santa. Los cristianos de Tesalónica vivían en medio de una ciudad perversa, donde eran diariamente tentados a hacer lo malo y a caer en pecado. Pero el Dios que moraba en ellos podía ayudarles a tener victoria y a vivir de una manera diferente que aquellos que no conocen a Dios (1 Tes 4:5).

8.                  El nuevo creyente debe esperar la venida del Señor. Pablo ayudó a estos nuevos cristianos a quitar su mirada de sus propios problemas y volverlos hacia el Señor Jesucristo que regresaría por ellos. Es interesante que cada capítulo de 1 Tesalonicenses termina mencionando la venida del Señor (o como algunos lo llaman, “el rapto”). La sección más importante acerca de la venida del Señor se encuentra en 1 Tesalonicenses 4:13-18.

9.                   El nuevo creyente necesita ser enseñado acerca del diablo. ¿Pablo creía en un diablo real que efectivamente tienta a la gente (1 Tesalonicenses 3:5)? Sí. En 2 Tesalonicenses 2:1-12 aprendemos mucho acerca de Satanás y de lo que Satanás tratará de realizar en el futuro. Al leer estos versículos, ¿cuáles son algunas de las cosas que aprendes sobre Satanás y del hombre de Satanás (el hombre de pecado, el anticristo) y del poder de Satanás? ¿Qué sucederá a aquella gente que ama las mentiras de Satanás más que la verdad de Dios?

10.               El nuevo creyente necesita ser enseñado acerca de sus responsabilidades hacia su trabajo diario. Satanás se complace cuando los creyentes se vuelven flojos y fallan en hacer aquellas cosas que agradan al Señor y que dan un buen testimonio a otros. Había gente en la iglesia de Tesalónica que ni siquiera estaba trabajando (ver 1 Tes 4:11; 2 Tes 3:10-12). Pablo dirigió algunas palabras fuertes a esta gente y aún dijo que si no trabajaban, que tampoco coman (2 Tes 3:10).
Cuando una persona es salva, esto no debe volverlo un trabajador deficiente o un mal estudiante o una ama de casa negligente. El cristiano debería confiar en que Dios le ayudará a ser el mejor trabajador o el mejor estudiante posible, para la gloria de Dios. Igualmente la mujer cristiana debe confiar en que Dios le ayudará a ser la mejor ama de casa y madre y esposa que ella pueda ser, tal como el hombre creyente debe confiar en Dios para ser el mejor esposo, padre y proveedor que él pueda llegar a ser.

11.               El nuevo creyente debe respetar y amar a quienes Dios ha puesto sobre él como líderes. Había ciertos hombres en la iglesia de Tesalónica que eran líderes y que eran responsables por el bienestar espiritual del rebaño (los creyentes). Pablo exhortó a los cristianos tesalonicenses a asegurarse de tener la actitud apropiada hacia estos hombres (ver 1 Tes 5:12-13). ¿Respetas y amas a tu Pastor y a los demás líderes de tu iglesia? ¿Oras por ellos mientras ellos cumplen día tras día con su tarea? ¿Tratas de ayudarles en todo lo que puedas? ¿Cuáles son algunas de las maneras en las que les puedes ayudar?

12.               El nuevo creyente nunca debe llegar al punto en que piense que ya ha llegado. Aunque los Tesalonicenses eran creyentes nuevos, ellos lo estaban haciendo muy bien. Pablo recordó su fe y su amor y su esperanza (1 Tes 1:3). Pero aunque lo estaban haciendo bien, Pablo deseaba que lo hicieran aún MUCHO MEJOR. ¿Estaba agradecido Pablo por la fe que tenían estos cristianos (1 Tesalonicenses 3:6)? Sí. Sin embargo, su fe necesitaba perfeccionarse (1 Tes 3:10). Debían seguir creciendo en el amor (1 Tes 3:12). Nunca debemos pensar que lo hemos logrado, no importa cuán bien lo estemos haciendo en algunas áreas de nuestra vida cristiana. Cualquier cosa que estemos haciendo bien, Dios quiere MÁS Y MÁS. Cualquier cosa buena que tengamos, Dios quiere que se INCREMENTE.

Tomado y editado de: www.middletownbiblechurch.org

sábado, 22 de marzo de 2014

Mi gracia te es suficiente...


Mujer de fe:
Encuentra ayuda en el desierto

Joyce Meyer
Algunas veces el problema que afrontamos es fabricado por nosotras mismas. Es en esos tiempos difíciles cuando nos preguntamos si Dios aún nos ayudará, nos fortalecerá y estará con nosotras. Si está afrontando este tipo de situación hoy, quiero animarle diciéndole que Dios no se ha rendido con usted. Él está con usted y le dará la fuerza para superar cualquier obstáculo, incluso si ese obstáculo es uno fabricado por usted misma.

Si lo duda, repase la historia de una joven mujer llamada Agar en el Antiguo Testamento. Agar era una esclava en la casa de Abraham. Ella fue también la mujer nominada como “madre de alquiler” cuando Sara decidió que Abraham tuviera un bebé acostándose con alguien más joven y más fértil que ella.

Como esclava, Agar probablemente no tuvo elección en el asunto. Así se hacían las cosas en aquella época. Pero una vez que se quedó embarazada del hijo de Abraham, ella pudo elegir cómo iba a reaccionar ante la situación, y no decidió muy bien. Hizo de una situación ya complicada algo peor, comportándose con altivez hacia Sara y tratándola con desprecio.

Para decirlo con suavidad, Sara no respondió bien. De hecho, se enojó categóricamente. Decidida a poner a Agar en su sitio bajándole unos cuantos escalones, Sara la hostigó y la humilló en cada oportunidad. Así que Agar huyó…  al único lugar al que se puede huir cuando se vive en un campamento en el Medio Oriente. El desierto.

Para una joven embarazada, sola y sin provisiones, el desierto es un lugar duro para vivir. También es peligroso. Agar podía haber muerto allí perfectamente. Pero no murió porque Dios en su gran misericordia tuvo un encuentro allí con ella y le dijo lo que debía hacer. Regresa a tu señora y sométete a su autoridad…  yo te daré más descendientes de los que puedas contar.  Ahora estás embarazada y darás a luz un hijo. Lo llamarás Ismael (que significa «Dios oye»), porque el Señor ha oído tu clamor de angustia… A partir de entonces, Agar utilizó otro nombre para referirse al Señor, quien le había hablado, «Tú eres el Dios que me ve»  (Génesis 16:9-13).

El Dios que me ve. ¡Ese es un nombre hermoso para el Señor! Y fue dicho por vez primera por una madre en una situación de las que encogen el corazón. Una madre que había caído presa de malas actitudes y comportamiento impío, exactamente como hacemos todas nosotras de vez en cuando. Dios intervino, derramó su bondad sobre ella y les prometió a ella y a su hijo un futuro fructífero. Si Dios hizo eso por Agar en el Antiguo Testamento, ¿no podremos nosotras, madres de la época del Nuevo Testamento, estar incluso más seguras de que Dios nos verá y nos cuidará cuando nos encontremos en el desierto? ¿No podremos acaso acercarnos a Él con confianza para recibir misericordia y gracia para ayudarnos en nuestro momento de necesidad, incluso si la necesidad es resultado de nuestro mal juicio o comportamiento?

¡Sí! ¡Por supuesto que podemos! Pero cuando lo hagamos, deberíamos recordar que Dios no nos liberará inmediatamente de toda situación problemática. No siempre hará que nuestras dificultades hagan ¡PUF! y desaparezcan. Así como envió a Agar de vuelta para aguantar a Sara durante un tiempo, Dios a menudo requerirá de nosotros trabajar con nuestros problemas durante un tiempo con su ayuda. Y cuando le digamos que no podemos hacerlo, Él nos dirá lo que le dijo a Pablo en 2 de Corintios 12:9: Mi gracia… es suficiente para ti.

“Señor, ¡la personalidad terca de mi hijo es demasiado para mí! ¡Me está volviendo loca!”. Mi gracia es suficiente para ti. “Señor, ¡sé que necesitamos el dinero, pero no soporto este empleo ni un sólo día más!”. Mi gracia es suficiente para ti. “Señor, es difícil ser madre soltera. ¡Estoy demasiado agotada para continuar!”. Mi gracia es suficiente para ti.

(Tomado del libro Madre segura de sí misma).

lunes, 17 de marzo de 2014

Liderazgo / Amar hasta el extremo



Amor que perdura

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.Juan 13.1

¿Nunca se ha sentido cansado de amar a otra persona? Muchas veces, en situaciones de consejería situaciones de consejería pastoral, escucho a personas que dicen: «yo ya amé demasiado a esa persona». ¿Será posible afirmar que hemos amado demasiado a otra persona? ¿Existe alguna medida que, una vez superada, nos permite afirmar que nosotros ya hemos superado el nivel de amor requerido de un creyente? ¿Quién establece este nivel?

Cuando hacemos este tipo de afirmaciones, lo que estamos  queriendo señalar es que hemos hecho muchas cosas en favor de la otra persona, pero hemos cosechado muy poco como resultado de nuestra inversión. Por supuesto, que la otra persona quizás también piense que ha hecho mucho y ha recibido muy poco a  cambio de todo lo que ha hecho.

Juan nos dice que Cristo, habiendo amado a los suyos, «los amó hasta el fin». Qué contundente que suena semejante afirmación. ¡Cuán débil parece nuestro propio esfuerzo a la luz de esta declaración! Jesús ciertamente no cosechó ni un décimo del fruto que tendría que haber cosechado según la inversión que había hecho. Seguramente él podría haber dicho que había amado demasiado a los suyos. Sin embargo, a pocas horas de morir, lo encontramos dedicado, con la misma consideración de siempre, a bendecir a sus discípulos.

La verdad es que el Mesías no medía el nivel de su inversión según la clase de retorno que recibía. Sus parámetros eran otros, y no dependían de la desigualdad que pudiera haber entre su propio esfuerzo y el de sus discípulos. El parámetro de lo que era correcto lo establecía el pacto que había hecho con el Padre. Este pacto descansaba sobre la distancia que estaba dispuesto a recorrer por los demás, una distancia que llegaba hasta la muerte misma. Su compromiso, por lo tanto, no dependía ni del reconocimiento, ni de la recompensa, ni de la respuesta de los que estaban a su alrededor. Era un compromiso unilateral, cuya medida había sido acordada con el Padre mismo.

He aquí, entonces, la verdadera dimensión del amor. No es un sentimiento, sino un compromiso. Un compromiso que está más allá del comportamiento de la otra persona o de las circunstancias en las que nos comportamiento de la otra persona o de las circunstancias en las que nos encontramos. Es un pacto que depende enteramente de nosotros mismos, y que nos debe llevar a un amor que no cesa nunca. Cristo mismo ilustra dramáticamente esta verdad cuando, colgado de la cruz, intercede por los que lo persiguen y pide misericordia por ellos.

Para pensar:
Como líder, necesita establecer esta clase de pacto con su gente. De no hacerlo, va a desistir de amarlos cada vez que lo desilusionan, lastiman o traicionan. El pacto que usted elabora no  puede depender de ellos, sino del Dios al cual le ha hecho su voto de fidelidad. ¡Solamente él lo podrá mantener firme en su compromiso!

(Tomado de Shaw, Christopher: ALZA TUS OJOS - Encuentros diarios del líder con Dios / Desarrollo Cristiano Internacional).