sábado, 22 de febrero de 2014

Pastoral / Fe y carnaval



CONEDO indica carnaval tiene elementos malignos

Montalvo afirma que no todo en nuestra cultura debe ser valorado positivamente

Pastor Rafael Montalvo, presidente CONEDO
Las iglesias evangélicas valoran las expresiones culturales de los pueblos en los que se encuentran insertos, asumen muchas de ellas en su labor de predicar y encarnar el evangelio e incluso manifiestan el orgullo de expresarlas y difundirlas al interior del pueblo cristiano.

“Sin embargo, el que apreciemos los elementos de una cultura, el que aprendamos a conocerlos y entendamos en que zapatos está colocada la gente a la que predicamos la Palabra de Dios, nuestra gente, no quiere decir que creamos que todo en una cultura es positivo”, expresó el pastor Rafael Montalvo al referirse a la celebración del carnaval dominicano.

Montalvo, quien es presidente de la Confraternidad Evangélica Dominicana (CONEDO), señaló que las iglesias evangélicas consideran que el carnaval tiene elementos malignos. “Tiene fuertes componentes demoníacos. Solo por sentido común nos damos cuenta del elemento espiritual maligno: “diablos cojuelos”, caretas grotescas, borracheras, pleitos, contiendas, entre otras expresiones del mal”, explicó Montalvo.

 “Por el hecho de que sea “nuestro”, no quiere decir que automáticamente es bueno. En este sentido, como cristianos entendemos que el carnaval es uno de los males de nuestra cultura. Por estas razones, los cristianos NO participamos DE NINGUNA MANERA de estas prácticas diabólicas. No vestimos a nuestros hijos de animalitos, payasitos, no nos tiramos fotos con esos “personajes”, etc. A la vez que exhortamos a nuestra nación a NO participar, para que no abramos puertas de maldad, acarreando desgracias sobre nuestras vidas, familias y nuestro pueblo”, indicó el pastor protestante.

Concluyó pidiendo a Dios que bendiga a la República Dominicana y abra puertas de crecimiento espiritual en todos los segmentos sociales.


sábado, 15 de febrero de 2014

Oración / Desierto, símbolo de búsqueda



Sumérgete en tu desierto

 Juan Simarro Fernández

 Estamos metidos dentro de un mundo de prisas, marcado por el reloj implacable en el paso de los minutos. Vivimos en el agobio improductivo.

Te invito a buscar tu desierto personal. Hoy no te voy a hablar de problemáticas humanas, ni de pobrezas, ni de injusticias, ni de desiguales repartos. ¡Nada! Desnúdate y métete en la soledad de tu desierto. Quizás lo necesitas. Yo lo necesito.

Vivimos en una sociedad rodeados de cosas que nos entretienen. ¿O quizás nos estresan? Rodeados de ordenadores, televisión, videos, reproductores de películas y de música… al igual que de personas por doquier. Estamos metidos dentro de un mundo de prisas, marcado por el reloj implacable en el paso de los minutos. Vivimos en el agobio improductivo.

Los momentos de soledad que podemos captar, son normalmente una soledad rodeada de muchos o frente al televisor. Quizás necesitemos la experiencia del desierto. Jesús les tuvo que decir a sus discípulos: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco”. También Jesús mismo, el Maestro, se preparó en el desierto… Quizás es que todos necesitamos pasar por esa experiencia de soledad y desnudez existencial total. Sumérgete un tiempo en tu desierto personal. Olvídate de los aparatos técnicos de los que estás rodeado, deja las prisas. Olvida conceptos, problemas. Deja de escuchar los gritos de los pobres, de los parados, de los enfermos… Esto último un tiempo, sólo un tiempo, un tiempo breve, pues necesitan de tu acción y compromiso en el mundo. Busca renovación.

El desierto puede llegar a ser todo un símbolo para aquellos que, en realidad, no vamos a retirarnos a un auténtico desierto en donde sólo tengamos arenas por delante y por detrás, sin que podamos divisar nada diferente en nuestro horizonte. El desierto puede ser el símbolo de la búsqueda de espacios en donde nadie nos pueda distraer, en donde la televisión no reine, en donde falte todo el tinglado de cosas que necesitamos para vivir en la vida posmoderna.

Sería como el convertirnos en seres humanos, no solamente ligeros, sino desnudos de todo equipaje, sin estar pendientes del dinero, ni de la comida. Desnudos ante nosotros mismos con los únicos recursos que nos da el tener unas manos, unos pies, unos ojos y unos oídos. Solos ante la verdad de la existencia, de cara a no sé si al vacío o a la llenura existencial, allí donde, quizás, ni siquiera la llamada angustia existencial existe. ¿Habrá alguna verdad existencial? ¿Acudirá a alguien verdadero a nosotros en el momento de la soledad absoluta y la carencia de todos los artilugios que nos hemos creado como equipaje para esta vida? ¿Encontraré yo algún día mi desierto, Señor? ¿Lo encontrarás tú?

Jesús se buscó espacios solitarios, Juan el Bautista vivió austeramente en el desierto… Nosotros debemos buscar el nuestro. Nuestro espacio de soledad. ¿Lo encontraremos, Señor? ¿Seré yo capaz de encontrarlo alguna vez? Siento que necesito esa soledad, de vez en cuando, como un remanso de aguas frescas.

En esos momentos de soledad, ese símbolo que es nuestro desierto se muestre enormemente sugerente para los cansados, para los peregrinos de este mundo. Allí no va a estar todo lo superfluo que nos estorba, nadie nos va a distraer de los pensamientos de nuestro corazón. Quizás, lo primero que nos demos cuenta es que para vivir no necesitamos tantos artilugios, quizás las muchas cosas que poseemos se nos revelen como superfluas, carentes de sentido e incapaces de llenar el vacío existencial que muchas veces tenemos en medio de los trajines de la vida. Muchas veces no vamos ligeros de equipaje y caminamos encorvados, casi besando el suelo.

Debemos buscar momentos en el desierto, en nuestro personal desierto, en el que nos podamos imbuir existencialmente. Allí donde no tenemos nada, pero nos sobra todo. Quizás sea el momento de sumergirnos en lo profundo de nosotros mismos, de encontrar, de encontrarnos, de bucear en lo profundo de nuestro yo personal

¡Escucha! ¡Está atento! Quizás sea el momento de comunicarnos con nosotros mismos y puede ser que, al adentrarnos en nuestras propias entrañas y en lo profundo del corazón, nos demos cuentas de que, realmente no estamos solos. Quizás se produzca la mejor comunicación con lo trascendente o, si se quiere algo más concreto y personalizado, con ese Tú personal que nunca nos abandona. Con el otro que siempre nos acompaña.

¡Pon atención! Es el momento del inicio del diálogo transparente y sincero. En esa desnudez, no tenemos nada que esconder, en el desierto no hay escondite posible. Todo es transparencia en la comunicación de mi yo, con el Otro que siempre me acompaña, el Tú trascendente. Es el momento de la vuelta a los orígenes: Tú y Dios. Yo y Dios. El yo personal desnudo ante la trascendencia. Una experiencia espiritual y existencial que todos deberíamos vivir.

Quizás en este momento podríamos ver la posibilidad del diálogo profundo que nunca hemos podido tener, de la queja existencial por todos los vacíos y contradicciones vividos, el momento de rendirnos ante ese Tú para pedir perdón… No son necesarias las palabras. Estamos ante el Padre que nos abre los brazos. Es el momento del enamoramiento, de la experiencia existencial del amor en plenitud. El amor nos inunda, se derrama en nuestros corazones. Es la experiencia del amor eterno, sin mancha, del amor que inunda toda la existencia. No hay que hablar, sólo dejarnos, en medio de la soledad del desierto, abrazar por el Padre.

Y una vez vivida la experiencia, cuando abandonamos el desierto y nos metemos en el trajín diario, veremos las cosas diferentes. Mucho de lo que antes era esencial, ahora es superfluo. La experiencia del amor en nuestras vidas ha cambiado prioridades. Ahora, la prioridad más importante después del amor vivido, es la búsqueda de nuevas experiencias amorosas que sean semejantes a la vivida en el desierto… Y lo más semejante que encontramos es el amor al prójimo, con una preferencia total hacia el amor que se centra en el prójimo que sufre, en el necesitado. Quizás mi amor le pueda redimir y él mismo desee acercarse a la experiencia vital máxima, hacia la auténtica verdad existencial, al encuentro con el Tú trascendente de la experiencia del desierto. Habré liberado al otro a través del amor y, al hacerlo, me habré liberado a mí mismo. La experiencia del desierto habrá hecho encontrarme con la vida abundante que sólo se realiza en experiencias de amor.


domingo, 9 de febrero de 2014

Desde la fe / Llamados a ser sanos y libres


Idolatría, sanidad y libertad

¿Esclavo yo? ¿Enfermo yo? ¿Quién dijo?
“No, yo no soy esclavo de nadie!”… Pero… de verdad eres una persona libre? De verdad gozas de la gloriosa libertad de los hijos de Dios? De verdad eres tan libre que el control de tu vida está en manos de Dios? De verdad eres una persona sana? Nos vamos a contestar estas preguntas pero…

Primero, te hablaré de la idolatría.
A veces pensamos que son idólatras aquellos que adoran imágenes de santos y vírgenes o que siguen dioses falsos. Y es cierto, ahí hay idolatría. Pero no sólo ahí.

El Diccionario Hispano-Americano de la Misión nos dice que Idolatría viene del griego idolon, dios falso, y latreia, adoración. Es decir: la adoración a un dios falso o sustituto del Dios verdadero.

De modo general: un objeto físico o un artefacto, la veneración a cualquier creación humana en lugar del UNICO CREADOR VERDADERO. Existe idolatría cuando se elevan a un primer lugar valores que son secundarios, cuando de algo que es relativo se hace un absoluto.

Quiero decirte algo: los cristianos parece que le hemos ganado batallas a determinadas formas de idolatría (de imágenes, por ejemplo), pero no le hemos ganado la guerra. Ella toma formas que a veces ignoramos e incluso a veces hacen tienda en el corazón de los cristianos.

En Romanos 1:21-25 se nos expresa el “cambalache” que es la idolatría. Nos dice Pablo:

21 A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. 22 Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios 23 y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles.
Y sigue diciendo:
25 Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén.

Y los artesanos de Éfeso se quejaron contra Pablo: “El sostiene que no son dioses los que se hacen con las manos” (Hechos 19:23).

Una pregunta:
¿Es esto una cuestión del pasado, de la primera Iglesia?
NO!

Segundo, los nuevos ídolos.
La idolatría no es cosa pasada, propia de los hombres de tiempos oscuros o propia de otras iglesias… Es un tema de hoy, como lo era del tiempo de los profetas y del tiempo de Jesús.

Fabricamos ídolos, hechuras de nuestras manos, de nuestra cultura, de nuestra manera de afrontar la vida. Creaciones propias del pecado, de la soberbia del hombre que no ha encontrado todavía su centro y su norte o los ha perdido.
Es el fruto de una mentalidad errada.

Nos encanta creer que lo tenemos todo bajo control y entonces colocamos cosas que son hechuras de nuestras manos en primer lugar, porque creemos que la podemos controlar. Y generalmente esas cosas, esos ídolos, terminan controlándonos a nosotros.

Son nuevos ídolos el dinero, el poder, el placer, la fama… Pero también hacemos ídolos de nuestro trabajo, de nuestra posición social, de una manera de hacer las cosas e incluso hay quienes hacen un ídolo de una relación con otra persona (mariditis aguda, por ejemplo), colocando cualquiera de estas cosas por encima de la relación y la obediencia al único Dios verdadero.

LA CONSECUENCIA ES SIMPLE: ENFERMAMOS Y DEJAMOS DE SER LIBRES.

Los ídolos esclavizan:
Si el dinero es tu valor número uno, estas enfermo y no eres libre, eres su esclavo.
Si el trabajo es tu valor número uno, estas enfermo y no eres libre, eres su esclavo.
Si la posición social o el poder constituyen lo más importante para ti en la vida, estas enfermo y no eres libre, eres su esclavo.
Si la relación con tu hijo, con tu esposa o esposo, con tu jefe o novia, es más importante que tu relación con Dios y que obedecer a Dios, estas enfermo y eres esclavo de esas relaciones.

Repito… no es que estas cosas sean malas en si. Es malo y es equivocado el colocarla como NÚMERO UNO de nuestro corazón, instaurando una vida desgraciada, destructiva.

A veces sin darnos cuentas hay cristianos que pretenden que es posible adorar a Dios y a algunos de estos ídolos al mismo tiempo. Según la Biblia esto no es posible.

Por eso, si eres cristiano, analiza tu vida para identificar aquellas cosas que pretenden a veces competir con el lugar de Dios en tu corazón, las cosas que te impiden vivir en libertad como un hijo o una hija de Dios.  Y si no lo eres, puedes abandonar el camino de esclavitud y enfermedad que lleva, para abrazar el camino de la adoración al único Dios que nos hace libre y nos sana.

Tercero, llamados a ser sanos y libres
ESPERO QUE TE HAYA QUEDADO CLARO: la raíz de toda idolatría es nuestro afán por controlarlo todo. Dios es el único que realmente puede estar en control de todo.

Por lo tanto, si quieres alejarte de toda idolatría, si quieres sanar y ser una persona libre, TIENES QUE RENUNCIAR  A TU AFÁN DE CONTROL. Sanarás la raíz de este mal. Tienes que poner TODO en manos de Dios.

Sé de las personas que avanzan hacia el cambio. Cristiano o no, NO TE RESIGNES ANTE TU SITUACIÓN. Tu mundo puede estar bien ordenado si está ordenado según los propósitos de Dios, tu creador, y no de los ídolos o cosas que buscas controlar.

(Anécdota ya contada por el Pastor Rafael Montalvo: el niño y el mapa: “Cuando terminé de armar a esa persona, el mundo quedó arreglado”).

Es así, el mundo se ve mejor cuando nuestra persona está arreglada.

Arreglar nuestras personas significa sanar las heridas de nuestras vidas, superar los hábitos que destruyen nuestras vidas y los complejos que han causado dolor y así poder caminar sin pesadas cargas, sin mochilas, como hombres y mujeres libres.

De qué necesito sanar
Heridas, hábitos, complejos.
Del exceso de trabajo
Temores
Ansiedad
Amarguras
Divorcios
Inseguridad
Relaciones destrozadas
Juego
Glotonería
Heridas
Culpas
Abusos
Perfeccionismo
Retrasos
Mala Administración
Alcohol
Drogas
Mentir
Ira/Furia
Adicciones sexuales
Necesidad de controlar…

Isaías 57:18-19 nos dice lo que el Señor está dispuesto a hacer:

“He visto cómo han actuado, pero los sanaré. Los guiaré y les ayudaré y consolaré a los que lloran. Ofrezco paz a todos, a los que están cerca y a los que están lejos”.

¿Estás herido? El te dice: Quiero sanarte.
¿Estás confundido? El te dice: Quiero guiarte.
¿Te cuesta cambiar? El te dice: Quiero ayudarte.
¿Sientes que nadie te entiende?  El te dice: Quiero consolarte.
¿Te sientes ansioso, preocupado, temeroso? Quiero ofrecerte paz.


Cuarto, qué necesito para sanar y ser libre
Si quieres sanar, tienes que reconocer que  la causa de tus heridas, tus angustias, tus confusiones, tus resistencias al cambio, tus temores, tu hacerte ídolos…. Se encuentra en que muchas veces pretendes ser como Dios o busca sustituirlo por cosas que son hechura nuestra.

Querer controlar es jugar a ser Dios y mientras más profundo estas, más enfermo estas y menos libre eres. Es el mismo problema desde el principio… Fue la promesa que el maligno ofreció a Adán: serán como dioses… es decir: podrán controlar. Es un gusano que entró en nuestro corazón junto con la desobediencia de Adán y que debemos desterrar.

Cuándo jugamos a ser como Dios?
Jugamos a ser como Dios cuando:

1. Tratamos de controlar nuestra imagen. Controlar lo que otros piensan de mí. Evitar que conozcan realmente cómo soy. Uso máscaras. Que la gente vea ciertos aspectos míos y escondo otros. Niego mis debilidades:
                -“No estoy molesto”;
                -“No estoy disgustado”;
                -“No estoy preocupado”;
                -“No estoy asustado…”.

2. Tratamos de controlar a otras personas. Los padres, a los hijos. Los hijos, a los padres. Las esposas, a los esposos. Los esposos a las esposas. Unos países a otros. Múltiples estrategias para manipularnos unos a otros: la culpa, el temor, la alabanza, el enojo, la ira… tratamos de controlar a las personas.

3. Tratamos de controlar nuestros problemas. Usamos frases como: “Lo puedo manejar, realmente no es un problema”. Queremos mostrar que no necesitamos ayuda y consejo.  Y mientras más tratamos de arreglar nuestros problemas por nosotros mismos, peor es.

4. Tratamos de controlar nuestro dolor. Lo evitamos, lo negamos, lo reducimos, lo posponemos, tratamos de escapar de él. De muchas maneras, a veces comiendo y otras veces dejando de comer; bebiendo, fumando, consumiendo drogas, involucrándonos en una relación ilícita, volviéndonos trabajólicos.
RENUNCIA A ESE AFÁN DE QUERER SER COMO dios. ENTREGALE EL CONTROL DE TODA TU VIDA A JEHOVA. El te dice:  “Ey! Hola! YO soy Dios y soy único”.

Ese afán de control en tu vida tiene consecuencias.

1. Temor. Cuando trato de controlar todo, el temor me invade. Adán: “Tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí”.  Nos da miedo que alguien descubra que realmente no tenemos el control, que estamos asustados. Cuidamos nuestra imagen porque pensamos que a los demás “sólo les gusta una imagen de mí. Si supieran realmente cómo soy, no les gustaría”.

2. Frustración. Me frustro porque los problemas vienen uno detrás de otro, no terminan a pesar de que yo allanto de que estoy en control.

3. Fatiga. Jugar a ser Dios cansa. Pretender que todo está bien, negar algo, consume mucha de nuestra energía. David dice: “Mi fuerza se fue debilitando como el calor del verano…. Pero te confesé mi pecado y no te oculté mi maldad” (Salm 32). David renunció a jugar ser Dios y pudo encontrar descanso.

4. Fracaso. Prov 28:13 (DHH) nos dice dónde terminaremos cuando jugamos a ser Dios: “Nunca tendrás éxito en la vida si tratas de esconder tus pecados. Confiésalos y renuncia a ellos. Entonces Dios mostrará su misericordia sobre ti”. Necesitamos ser honestos y aceptar nuestras debilidades, faltas y fracasos.

Nosotros acudimos SIEMPRE a Dios para que nos dé sanidad y libertad. Qué puedo hacer para sanar y ser libre?

El camino de la sanidad y la liberación significa que yo:

1. Reconozco que soy incapaz de cambiar mi pasado. Duele, todavía lo recuerdo, pero todo el resentimiento del mundo no va a cambiar esa realidad. Soy incapaz de cambiar mi pasado.

2. Reconozco que soy incapaz de controlar a otras personas. Trato, me gusta manipularlos, utilizo toda clase de trucos, pero no funciona. Soy responsable de mis acciones, no de las de otros. No puedo controlar a otras personas.

3. Reconozco que muchas veces soy incapaz de hacer frente a mis hábitos, comportamientos y acciones dañinas. Las buenas intenciones no son suficientes. Lo he intentado muchas veces y he fracasado. La fuerza de voluntad no es suficiente. Necesitamos algo más que fuerza de voluntad. Necesitamos a Dios, porque él nos hizo para necesitarle.

4. Necesitamos humildad en nuestro corazón. Santiago 4:6 (NVI): “Dios resiste a los orgullosos, pero da gracias a los humildes”. Esa gracia que Dios te ofrece, si eres humilde, es el poder para sanar, es el poder para lograr los cambios que queremos hacer y que él desea que hagamos. Es Dios quien da su gracia, pero requiere una condición: El se la da al humilde.

5. Es bueno compartirlo con otros. Para muchos reconocer que necesitan sanar y cambiar, es difícil. Tienes que admitir: “tengo un problema, tengo una necesidad, tengo una herida”.  Para muchos es difícil y hasta humillante decir: “No tengo el control”.
               
Sin embargo, hermano, te doy una buena noticia: si se lo dices a otro te aseguro que no se sorprenderán, porque lo saben. Dios lo sabe, tú lo sabes, sólo necesitas admitirlo. Significa ser honesto y afrontar esa herida, ese dolor, esa necesidad de cambio que has arrastrado por poco o por mucho tiempo.  Y dejarte acompañar.

6. Necesitas una relación íntima con tu Padre. Lo digo de último, pero es la más importante para evitar la idolatría, sanar y caminar como hombres libres.
Sin esta relación íntima con el Padre en Jesús no podemos dar frutos de vida eterna, de vida en abundancia, de sanidad, de libertad (Juan 15:1).  NADA podemos hacer separados de El. La idolatría es agarrarse de vides falsas que no tienen sabia, que nos secan el corazón y el alma y nos llevan a la perdición…que nos enferman, y nos esclavizan, quitándonos la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Tu vida de relación con El es lo único que puede mantenerte como hombre  sano y libre…

Voy a concluir con unos de mis pasajes favoritos del AT, en una lectura libre de Miqueas 6:6-8:

 “Altísimo Dios y rey nuestro,
Cómo podemos presentarnos ante ti?
Podemos ofrecerte terneros de un año,
Pero no es eso lo que quieres;
Podemos ofrecerte mil carneros,
O diez mil litros de aceite,
Pero tampoco eso te agrada.
Ni siquiera esperas como ofrenda
Al mayor de nuestros hijos
En pago por nuestros pecados!
Ya Dios les ha dicho qué es lo mejor que pueden hacer y lo que espera de ustedes. Es muy sencillo:
Que practiquen la justicia,
Que amen con ternura
Y que caminen humildemente junto a El!

Que Dios nos haga libre y destroce nuestro afán de control, que El tome el control de tu vida y destroce todos los ídolos o amagos de ídolos que puedas tener, que EL SEA TODO PARA TI.
Practica la justicia
Ama con ternura
Camina HUMILDEMENTE  junto a El.

Dios les bendiga.