viernes, 3 de noviembre de 2017

Palabras de Pastor / Necesitamos acompañarle

Necesitamos acompañarle
Modesto Cedano Duran
El Pastor Modesto y su esposa Josefina
“Ayer me enteré de alguien que murió luego de una larga lucha con adicciones. Habia logrado acercarse a Dios hace unos 8 meses pero sucumbió bajo las garras de este terrible mal en esta semana.
Todos estamos familiarizados con esa escena clásica de alguna película de la Guerra de Vietnam... Hay unos soldados prisioneros de guerra en territorio enemigo metidos en un hoyo profundo tapado por palos de bamboo y fuertemente custodiados.
El ejército envia un equipo élite para rescatar a dichos prisioneros y logran contra todo tipo de obstáculo y contratiempo llegar hasta donde se encuentran los cautivos abriendo su celda, desatando sus manos y pies y subiéndolos del pozo donde se hallaban recluidos.
¿Ya son libres?
Si y no.
Todavia resta encaminar o cargarlos hasta el helicoptero que se encuentra a una buena distancia en un campo abierto esperando para llevarnos a una base segura.
Nuestro enemigo al percatarse del rescate nos dará caza hasta re-apresarnos o matarnos. El grupo rescatista y los prisioneros liberados sufrirán disparo enemigo y sus vidas correran peligro hasta que no logren alejarse de la zona.
En cierta medida, y entiendan el ángulo que pretendo enfocar, la vida cristiana es una carrera que premia al que llegue a la base. La salvación es un evento y a la vez es un proceso.
Le llevamos el evangelio al cautivo que le hace libre pero necesitamos acompañarle y discipularlo hasta que el Señor nos lleve en los aires y nos saque de este campo lleno de peligrosidad que atenta contra nuestra vida. El que persevere hasta el fin será salvo.” 

martes, 29 de agosto de 2017

Palabras de Pastor / Aumentando las probabilidades

Aumentando las probabilidades
Pastor Modesto Cedano Durán

No han sido pocas las veces que he escuchado a hermanos, aun a pastores, decir y afirmar "Cree en el Señor y serás salvo tú y tu casa". Expresión que la dijo el Apóstol Pablo al carcelero en Filipos según es narrado en Hechos 16.
Los pastores Modesto y Josefina Cedano 
En ocasiones se promueve inclusive como una promesa, y personas se aferran al cumplimiento de la promesa pero la pregunta honesta que uno debe hacerse es... ¿realmente es una promesa?
Ciertamente Pablo le dio al carcelero la expectativa de que si "él" creía su familia por igual iba a responder al evangelio. Una promesa particular dada en un momento determinado a una persona determinada, sin acápite de repartir la expectativa a quien uno quiera.
La Biblia no enseña por parte que mi conversión en particular selle y asegure la conversión de los demás miembros de mi familia.
La salvación es personal. No por herencia o asociación. No es un asunto que mi mamá es creyente o que tenga un tío que es Pastor.
La clave es entender que cada quien tiene que escuchar el evangelio, entenderlo, el Espíritu Santo redargüir de pecado, produciendo arrepentimiento, llevando a la persona a confesar sus pecados y a volverse a Dios, haciéndolo Rey, Señor y Salvador de su vida y reflejando entonces la obra transformadora de Dios, viviendo a la luz de la Palabra de Dios...porque como bien dijo Jesús..."Si me amas, guarda mis mandamientos".
Porque si fuese así de sencilla la ecuación o "fórmula" de la salvación de sólo uno creer para sellar la salvación de toda la casa la estrategia estaría clara: convierte a una persona por casa y acuéstate a dormir...que esa salvación va para todo el hogar...
Obviamente sí podemos decir que cuando el evangelio llega a una vida eso aumenta las probabilidades de que los de "la casa" y todos sobre los que ejerza influencia serán expuestos de un modo más regular y presencial al amor de Dios, sus valores y sus principios, elevando la probabilidad de conversión en esa red familiar.
¿Me explico?
“Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16:29-34 RVR1960).

“Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:8-9 RVR1960).

domingo, 16 de julio de 2017

Cielos de bronce

Cuando los cielos se vuelven de bronce

“Bendita la crisis que te hizo crecer, la caída que te hizo mirar al cielo, el problema que te hizo buscar a Dios...” Francesco Forgione


En una entrevista que le hicieron a la cantautora, líder de alabanza y adoradora Maredith Andrews, explicó como se había sentido terriblemente abrumada, al intentar equilibrar sus compromisos, su labor creativa, su familia… Cuando reflexionaba sobre el estrés que le producía intentar conjugarlo todo, dijo: “Sentí como que Dios me estaba llevando por una etapa de purificación, casi por un proceso de trituración”. 

Cuando leí estas declaraciones, me sentí tremendamente identificada, y mi corazón voló a un tema bien conocido sobre el que quisiera hacer una sencilla reflexión, “Cuando los cielos se vuelven de bronce” Es bien conocido de todos el pasaje de Deuteronomio 28 sobre este tema que, en definitiva, habla de las consecuencias de la obediencia o la desobediencia a Dios; ahí nuestros cielos se abrirán, o se cerrarán como el bronce.

Hubo distintas personas en la Biblia cuyos cielos se volvieron de bronce, Job, el pueblo de Israel en innumerables ocasiones, Elías, de algún modo… La mayoría de las veces, tal como sucedía con el pueblo escogido por Dios, la razón auténtica era su desobediencia. En otras ocasiones no tenía nada que ver con eso. ¿Fue Job realmente desobediente a Dios? ¿Lo fue Elías? Creo poder afirmar con toda rotundidad, que en ningún modo. Job pudo quejarse, preguntar con una cierta desesperación; pero no cometió pecado delante de Dios. Simplemente no comprendía toda aquella auténtica trituración por la cual el Señor de su vida le hacía pasar. Job no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo en las esferas celestiales, y de qué modo una terrible opresión satánica estaba permitiendo el Señor, hasta un punto, hasta el vallado y el cerco que el Dios de los cielos permitía. Elías, dice la Escritura que era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oro fervientemente para que no lloviese durante mucho tiempo, y luego para que sucediera lo contrario (Santiago 5) y el Señor lo escuchó; pero hay algo que me llama mucho la atención, Cuando se relata todo el tema de Elías, Acab, la lluvia…. Dice la Palabra que Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra puso su rostro entre las rodillas (1ª Reyes 18) Esa era la postura que adoptaba una mujer, en aquel entonces, para dar a luz. ¡Me impresiona de un modo muy grande todo esto! Un hombre como cualquiera de nosotros, pero en el que no hallo falta, es obediente, y se parte el alma por orar fervientemente. Con Job sucede más de lo mismo; aunque de otro modo.

Nadie pecó contra Dios de un modo tremendo. El uno, sujeto a pasiones semejantes a las nuestras; el otro, sin entender absolutamente nada de lo que estaba sucediendo. Pero hay algo común en ambos, la oración con toda el alma. Es muy cierto que cuando hay desobediencia en nuestras vidas, nuestros cielos se vuelven de bronce, es Palabra de Dios. Pero con cuanta facilidad juzgamos a cualquiera mientras le miramos y le vemos sufrir, o que parece que sus oraciones no son contestadas…. Somos extraordinarios para juzgar, entonces si que estamos pecando y a lo grande; aunque no nos lo parezca. ¡Cómo puedo entender a Meredith Andrews! Simplemente se siente agobiada y estresada por todo lo que tiene sobre si, y es tan honesta de decir lo que dice. Me puedo identificar con ella de un modo absoluto.

Es muy sutil la diferencia en ocasiones entre pecado y no pecado, y es sumamente fácil mirar al que tenemos enfrente y decir… Sus cielos se están volviendo de bronce… ¡Qué el Señor nos perdone por cosas así! Claro que Elías se sintió derrotado en la cueva, claro que Job se quejaba por no entender, tal vez Maredith llevaba más sobre si de lo que podía… ¡Yo no lo sé! Pero me puedo unir con fuerza a esas palabras… “Sentí como si Dios me estaba llevando por una etapa de purificación, casi por un proceso de trituración”. Sea como sea, y cada cual conoce la vida con su Señor, la única solución para que los cielos de bronce se abran, y caigan preciosas lluvia de bendición sobre nosotros, es la bendita oración.

Cuando oramos fervientemente delante de Dios, nuestros “cielos de bronce” se abren… ¡Se abren! Y Es allí cuando Dios obra lo que tiene que obrar. Cuando Job no entiende nada de nada, dice uno de mis textos de cabecera… “Más Él conoce mi camino, me probará y saldré como oro” (Job 23: 10) Cuando Habacuc se siente deprimido por todo lo que está ocurriendo y vuelve su mirada al Dios de su vida, puede decir: “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos; aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar” Habacuc 3: 17-19. ¿Sientes que tus cielos se están volviendo de bronce?... Examínate delante de tu Señor. Si hay algo que te separa de Él, ponlo en orden. Y si, simplemente te está probando, o conduciendo a un proceso de auténtica trituración para llevarte más cerca de Él, déjale que haga lo que desea contigo, ora y tus cielos de bronce se abrirán; entonces ¡Verás la Gloria de Dios!

Texto: Beatriz Garrido

domingo, 16 de abril de 2017

Primera Palabra: Revancha y perdón

Yo quiero la revancha, Jesús quiere el perdón

Milton Tejada C.

El miércoles de semana santa se me invitó en la Iglesia Cristiana a compartir un comentario sobre la primera palabra de Jesús sobre la cruz: "Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen". Aquí está mi breve comentario.

«Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).

¿Cuántos se sienten molestos por la situación de delincuencia, corrupción, impunidad imperante en nuestro país?
¿Cuántos han sido afectados por esta situación, ya sea directa o indirectamente?
¿Cuántos ya no se atreven a salir de noche y andar por las calles con libertad, sin temor?

Ante esta situación, mi hombre natural quiere revancha, quiere que a los delincuentes les vaya mal, quiere venganza.
No entiendo cómo es posible que un delincuente siga tan campante luego de asesinar, robar, ultrajar.
No entiendo cómo es posible que un político viva en lujosas villas a costa del dinero de todos, mientras la pobreza y la miseria galopan por nuestros barrios y campos.
No entiendo como un hombre engaña a una mujer durante quince, veinte años y luego le rompe el corazón y se queda como si nada e incluso hasta abandona a sus hijos.

Yo, francamente, en mi hombre natural, me dan ira estas y otras tantas cosas, quisiera revancha. Quisiera que aparecieran personas con valor que le hagan frente al delincuente y lo pongan en su sitio, que no permitan tanto crimen, tanto horror.

Una reseña de un periódico local indica que en el 2016 murieron al menos 25 personas que participaban en actividades delictivas, a manos de personas –generalmente multitudes, grupos- que se sentían frustradas por las decisiones judiciales y porque los delincuentes apenas pasan horas o días detenidos.

En una declaración, el Jefe de la Policía señaló que “en más de una ocasión agentes policiales han impedido el linchamiento de delincuentes, de parte de la población”. Población: hombres y mujeres como tú y como yo, que querían la revancha, que tenían ira, que estaban jartos.

Hemos perdido la confianza en nuestras instituciones y en nuestras autoridades. No creemos en las soluciones que políticos y gobernantes nos ofertan en las campañas electorales. La impotencia que sentimos y la impunidad con la que se manejan los delincuentes exacerban en muchos ese deseo de revancha… esa ira amarga.

En República Dominicana la gente está enojada, frustrada. Tiene coraje, siente impotencia. Estamos cansados y también, lo reconozco, asustados. A VECES VEMOS EPISODIOS DE TOMAR LA JUSTICIA POR SUS PROPIAS MANOS, y hasta nos simpatizan.

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Hoy, sin embargo, quiero hacer una lectura diferente, una lectura desde la vida de Jesús y la pasión de Jesús...

Muchos de nosotros, si fuésemos Jesús, con todo lo que le hicieron y pudiendo tener legiones de ángeles a su servicio, hubiésemos tomado revancha. Venganza.

Era viernes en la mañana. Lo habían torturado, golpeado, hecho sangrar hasta quedar casi seco. Ya estaba en la cruz. Y aun así le vociferaban:

¡Si eres el hijo de Dios bájate de la cruz!
A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar.
Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!

Ácido, sarcasmo, golpes, torturas, crueldad, odio en cada palabra y en cada acción contra su cuerpo. Aun estando ya crucificado, seguían y seguían.

¿Qué hubieran hecho ustedes? ¿Qué hubiera hecho yo?

Seguro que alguno me dirá: Mira, Milton, la paciencia tiene su límite.

¿Ven ustedes qué no hizo Jesús?

Jesús no se desquitó. Jesús no devolvió la ofensa con otra ofensa.

Jesús, al contrario de la reacción normal, que sería la mía y la tuya, asombrosamente, habló en defensa de ellos: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).

En vez de la revancha, murió por sus adversarios.

Todas mis heridas parecen insignificantes en comparación con las de Jesús. Y yo soy cristiano, su seguidor, no puedo aspirar a hacer menos que lo que El hace.

¿Tomar la justicia por tus manos, es el camino? ¿Es ésa realmente la manera de hacerlo?

Pensemos por un momento. Pensemos en nuestra ira, en tu ira, en mi ira, por sólo un minuto.

Un poquito de ira por esto y otro por aquello y cuando viene a ver tengo un cubo lleno de frustración, de furia. Y viene entonces la sed de venganza. Odio desbocado. Los dominicanos nos estamos convirtiendo en bombas de tiempo que podrían explotar en cualquier momento.

¿Es esa una manera saludable de vivir? ¿Qué bien ha traído alguna vez el odio? ¿Qué esperanza ha creado alguna vez la ira? ¿Qué problemas han sido resueltos por la venganza? ¿Será esa realmente la manera de reducir la tasa de criminalidad? ¿Si desatamos nuestra ira, se harán más seguras nuestras calles y caminos?

La ira no soluciona nada.
La venganza no soluciona nada.
La revancha no soluciona nada.
Los ciudadanos que hacen justicia con sus manos no son la respuesta.

¿Qué debemos hacer? No podemos negar que nuestra ira existe. ¿Cómo podremos ponerle freno? Jesús te da una respuesta. Oye lo que pide para la turba que lo ha crucificado: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

¿Cómo fue posible que Jesús no tomara la revancha? Aquí está la clave: «Porque no saben lo que hacen».

El ve confusión en lugar de odio. Los llama “ovejas sin pastor”. Ve víctimas. Ve una turba sin control, llevada por líderes ciegos y equivocados (como los que tenemos en el país).

Sé que eso no justifica nada. Eso no justifica a los conductores que se fugan de la escena de un accidente o a los vendedores de pornografía infantil o a los traficantes de drogas, o a los atracadores o a los asesinos, o a los violadores. Pero ayuda a explicar por qué ellos hacen esas cosas repugnantes.

El punto es este: Una ira descontrolada no hará mejor a nuestro mundo, pero un entendimiento sabio sí lo hará.

Una vez que vemos al mundo y a nosotros mismos tal como somos, entonces podemos ayudar.

Una vez que nosotros nos entendemos, comenzamos a vivir no desde una posición de ira sino de compasión y preocupación, como Jesús.

No miramos al mundo con la frente agria, sino con manos extendidas. Nos damos cuenta de que las luces están opacadas y que una cantidad de gente está tropezando en las tinieblas. Muchos de ellos jóvenes.

Comprender a nuestros jóvenes, comprender la raíz de la situación, nos ayuda a encender luces, nos ayuda a querer ser portadores de la luz del amor y del evangelio de Jesús.

Comprender que nuestro país, nuestro mundo, está marcado por el pecado y la inequidad, la injusticia, la exclusión, nos lleva a querer contribuir con la obra de salvación de Jesús, a predicar a un Cristo que fue crucificado, pero que también resucitó.

Un Dios que proclama reconciliación y que proclama justicia.

¿Ira? La ira nunca hizo nada bueno a nadie. ¿Entendimiento? Sí, comprender nuestra naturaleza caída. Si lo hacemos, los resultados no son tan rápidos como tomar venganza o revancha, pero ciertamente el único camino verdadero y duradero es el perdón.

Yo a veces quiero revancha, EL siempre quiere perdón.


Sólo siguiéndole a EL podré comprender y perdonar como EL.

martes, 11 de abril de 2017

No importa el lugar...

“Hoy no me siento muy bien”
Dios no quiere en primer lugar que las personas conozcan muchas cosas sobre él, sino que le amen.

Lisa Leslie
Lisa Leslie fue la primera jugadora de la WNBA en alcanzar los cinco mil puntos. Fue MVP en 2006 y campeona de la liga en varias ocasiones con Los Ángeles Sparks. Además, ganó tres oros olímpicos. Decía en una reciente entrevista: «No importa el lugar en el que cualquier persona esté, incluso si viene de los barrios marginales o de un hogar destruido, la gracia de Dios cubre a todos, su amor siempre nos sorprende». 

El amor de Dios siempre nos impresiona. Su gracia nos desborda, porque una y otra vez recibimos lo que no merecemos, ¡sabiendo que no lo merecemos! Cuando recordamos algunas de las características de Dios vivimos más que sorprendidos. La vida al lado del Creador es la mejor aventura que existe. Si sabemos que es así, ¿por qué entonces el Señor tuvo que decirles estas palabras a los religiosos de su tiempo? «Y él les dijo: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí”» (Marcos 7:6). 

Dios no tolera a las personas que viven con máscaras. El religioso que no ama a Dios con todo su corazón está más lejos de él que el mayor pecador, porque todo lo que dice de Dios le acusa delante de él si no lo cumple. Podemos conocer mucho sobre la vida espiritual, vivir en un país cristiano o haber nacido en un hogar cristiano e incluso saber muchas de las características de Dios, sin conocerle a él realmente. Si nuestro corazón está lejos de Dios, estamos perdidos. 

Ni el conocimiento ni la razón nos conducen a ser personas mejores. Solo nuestras decisiones espirituales nos hacen diferentes. Solo cuando nuestro corazón está enamorado del Señor, le conocemos realmente. Dios no busca estudiantes, sino adoradores. Dios no quiere en primer lugar que las personas conozcan muchas cosas sobre él, sino que le amen. No podemos olvidarlo nunca. No sirve de nada conocer mucho o decir mucho si nuestro corazón está lejos del Señor. 
A veces nos dejamos llevar por muchas circunstancias diferentes y no somos capaces de seguir al Señor. Algunas personas dejan de estar con él, de orar y leer la Biblia, simplemente porque un día no tienen ganas de hacerlo. Al día siguiente vuelve a pasarles lo mismo, y al poco tiempo se sienten fríos y lejos de quien más les ama. ¡Y se preguntan el porqué! 

En otras ocasiones la excusa puede ser cualquier otra: «estoy pasando una mala época», «estoy sin trabajo», o «con mucho trabajo», «estoy desanimado», o «demasiado feliz»… Decimos cualquier tontería mientras se nos escapa la vida sin disfrutar de la presencia de Dios. ¡Somos capaces de tirar nuestro tiempo en cualquier cosa, con cualquier espectáculo aburrido, o simplemente sin hacer nada! He visto a muchas personas viendo durante horas partidos horribles, o aguantando cualquier tontería que aparece en la televisión o en Internet, pero sin tiempo para estar con su Padre celestial. ¡Después se quejan porque pasan malas épocas y porque su vida espiritual y familiar se derrumba por momentos! 

Hoy es el día de tomar decisiones firmes delante del Señor. Se acabaron las excusas y el compadecerse de uno mismo. ¡Es el momento de amar al Señor con todo nuestro corazón, y de dejarnos asombrar por su gracia!

Contribuido de: http://protestantedigital.com/blogs/41877/hoy_no_me_siento_muy_bien


viernes, 17 de marzo de 2017

Cartas a mis alumnos / Grupo Isaías

17 de Marzo, 2017

Mis estimados alumnos del Grupo Isaías:

Han concluido con éxito su Academia Bíblica de Crecimiento (ABC). Veintiocho cristianos, hombres y mujeres, fueron alimentados con enseñanzas durante un período de aproximadamente siete meses. Perseveraron con sus altas y bajas. Tuvieron profesores y profesoras de todos los colores y estilos. A veces aprovecharon el alimento, otras veces dejaron alimento en la mesa, pero siempre se mostraron dispuestos a recibir y a entregar, al compromiso. Con pasión, a veces con iniciativa (como corresponde a líderes que buscan crecer y pasar a otro nivel). Les felicito.

Quiero invitarles a mantener este grupo, el Grupo Isaías, como un espacio de vínculo, pero también de enseñanza.

También les comparto un poquito qué hago en la Iglesia, por si a alguno en su búsqueda de ministerio, en sus necesidades o en las necesidades de quienes conoce, le puedo servir, le puedo ser útil.

En primer lugar, ME APASIONA LA ENSEÑANZA (y confío en Dios hacerlo cada día mejor, en el caso del módulo VII fue mi primera vez porque antes enseñaba hermenéutica o interpretación de la Biblia). Por lo tanto, me encontrarán en la ABC. Pretendo seguir en este espacio interactivo en ese papel y empezaré una enseñanza sobre la COMUNICACIÓN la próxima semana por esta vía. Esperénla.

En segundo lugar, CONSEJERÍA. Los jueves y ahora algunos domingos, ofrezco lo que Dios me ha dado: escuchar, aconsejar y, en algunos casos, acompañar terapéuticamente a personas y parejas, ayudarles a encontrar su camino (no a indicarle el mío, sino a encontrar el propio), a sanar heridas, a restaurar aspectos, a crecer. Si esa fuese una de sus necesidades, nos llamas y coordinamos.

En tercer lugar, CORONA DE HONRA. Estamos retomando un ministerio que teníamos en la Iglesia hace unos años y es el de los envejecientes. Una visión de que constituyen un don de Dios y de que pueden jugar un papel activo en muchas tareas de la Iglesia: cuidar de otros, hacer de abuelos, ministrar, interceder, visitar enfermos, sustituir madres, saludar, aconsejar… y trabajaremos también por el acercamiento intergeneracional. Es un ministerio en construcción (así dicen a veces las páginas web), lo que significa que estamos definiendo cosas… recuerdo que Sergia nos manifestó que podría interesarle, eres bienvenida. Si a alguien más le interesa, se comunica conmigo.

Estas cartas se las prometo para todos los viernes que me sean posible. La próxima, como les dije, será sobre la comunicación. Y luego, la interacción con ustedes.
Bendiciones y lindo fin de semana.

PD. No olviden que mañana, sábado, tenemos tres actividades. En la tarde, a las 5.00, una conferencia de mujeres, a las 6.00 pm, una conferencia para hombres, y en la mañana, para los muy interesados sin que afecte lo de la tarde, un panel sobre el cristiano y la política.

Milton T.


jueves, 9 de marzo de 2017

Confiar en el discipulado

La fe en los discípulos

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran tuyos y me los diste, y han guardado tu palabra... Cuando estaba con ellos los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió excepto el hijo de perdición. Juan 17.6, 12 (NVI)

Un discípulo es, por naturaleza, alguien que está en proceso de formación. Encontrarse en esta etapa específica de la vida significa que su madurez espiritual va a estar en permanente fluctuación. Por momentos, va a desplegar gran sabiduría en su comportamiento y sus palabras. En otros momentos, demostrará su falta de crecimiento cometiendo errores que pueden hasta ser groseros.

Tal fue el caso de los doce que acompañaron al Mesías. En ocasiones le dieron profundas alegrías al Señor como, por ejemplo, cuando regresaron con los setenta. El evangelista nos dice que en «aquella misma hora él se regocijó mucho en el Espíritu Santo» (Lc 10.21). Estaba comenzando a ver el fruto de su ministerio con los discípulos. En otras ocasiones, sin embargo, los mismos doce le provocaron profundas desilusiones. Cuando bajó del monte de la transfiguración, por ejemplo, encontró a sus discípulos enredados en una discusión con los fariseos acerca de la manera de sanar a un muchacho epiléptico. En esa oportunidad, exclamó: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?» (Mr 9.19 - LBLA).

La pregunta que nos enfrenta, entonces, es ¿cómo hacer para no desanimarnos con las personas que estamos formando?

Nuestro texto revela el secreto de la perseverancia del Hijo de Dios con los doce varones, que nos hubieran más que exasperado a nosotros. Cristo no basaba su evaluación de la aptitud de los discípulos en el comportamiento de los doce. De seguro que en más de una ocasión los hubiera desechado. Pero tome nota de la oración del Hijo de Dios al final de su ministerio: «Los hombres del mundo que Tú me diste; eran TUYOS y me los diste» (Jn 17.6). Aquí está la clave. Jesús no había escogido a estos hombres, sino que los había recibido de la mano del Padre. Y como los había recibido de su mano, podía confiar que el Padre no se había equivocado con las personas que le había entregado.
 Esta convicción lo mantuvo firme en medio de muchas circunstancias adversas.
Un líder debe tener esta misma convicción con las personas que está formando. Debe poseer la certeza de que está invirtiendo en la vida de las personas que el Padre le ha confiado, si es que quiere perseverar en la tarea, pues habrá muchas ocasiones donde se sentirá desanimado por la falta de madurez de sus seguidores. No obstante, si fija los ojos en estas desilusiones, ¡bien pronto desistirá del trabajo que le ha sido encomendado! Conozco un pastor que no tiene un mismo equipo ministerial por más de seis meses. Cada vez que alguno le falla, lo descarta y escoge a otro. El resultado es que en muchos años de ministerio no ha formado a nadie. ¡Solamente una fuerte convicción espiritual nos mantendrá firmes en medio de las desilusiones y frustraciones que a veces nos producen nuestros discípulos!


Para pensar:
«La voluntad de perseverar es, muchas veces, lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso». D. Sarnoff.